EL ESPEJISMO
DEL CATERING
Personajes
VÍCTOR EL LOGÍSTICO
LA MENSAJERA
EL EMPLEADO
BERNARDO
Escenario: El despacho de Víctor. Hay una bolsa de dinero encima de una silla.
VÍCTOR: (Al Empleado). A ver, Sabes que eres mi hombre de confianza. El asunto que tenemos entre manos tendrá una relevancia dentro de unos meses. Vamos a repasar el plan. Tienes que ir a tomar algo al Bar Juanito. Inspeccionas el lugar y localizas un sitio donde se hará la entrega.
EMPLEADO: Vale. Mañana mismo voy.
VÍCTOR: Pero de modo discreto. Tienes que buscar un lugar donde puedas estar y que seas inconfundible. Vamos, que la mensajera no tenga posibilidad de confundirte con nadie el día de la entrega. ¿Vas entendiendo?
EMPLEADO: Creo que sí. Yo estaré tomado café en el rincón que elija y donde el mensajero me pueda localizar fácilmente.
VÍCTOR: La mensajera, porque será mensajera, el día convenido, llevará una bolsa. Que te entregará, sin preguntas, y se irá.
EMPLEADO: ¿Y si aparece el tal Bernardo?
VÍCTOR: Bernardo es un desastre. Estará contando las propinas o quejándose del jefe. Tú solo tienes que recibir la bolsa que ha llevado la mensajera. Ella no te conoce, solo sabrá lo que yo le he dicho: que eres un empleado del bar que va a entrar en el turno de tarde. Ella se irá y en cuanto tengas la bolsa, sales sin que ella te vea y vuelves a la oficina. El dinero vuelve a casa.
EMPLEADO: Pero la Mensajera va a declarar que se lo dio a alguien del bar.
VÍCTOR: Exacto. Ella dirá que se lo dio a un camarero fuera de servicio. Tu llevarás un chaleco del Bar Juanito debajo del abrigo, que solo verá la mensajera cuando se te acerque. Ella creerá siempre que tú trabajas en el bar. Y nosotros le daremos al Juez el nombre de Bernardo. Bernardo tiene antecedentes de pequeñas corruptelas; el Juez no dudará. Diremos que ese dinero era el primer pago para que Bernardo nos adjudicara unos «negocios continuados de catering». Es perfecto: el dinero nunca se pierde, pero el delito se queda pegado a la pared del bar.
OSCURO…OTRO DÍA…LUCES
Escenario: Bar Juanito. Luz mortecina. El Empleado está apoyado en la pared, con el chaleco puesto. Aparece La Mensajera con una bolsa trasparente con el dinero.
LA MENSAJERA: (Susurrando) Oye… de parte del jefe. Para lo del catering. Lo que hablamos de los negocios continuados.
EMPLEADO: (Poniendo voz ronca, ocultando el rostro) Ya era hora. Dámelo.
La Mensajera entrega la bolsa. En ese preciso instante, Bernardo cruza el escenario del pasillo cargando una caja de botellas vacías. No se detiene, no mira, solo pasa.
LA MENSAJERA: (Señalando con la cabeza a Bernardo) ¿Ese es el que va a firmar los contratos?
EMPLEADO: Tú no preguntes. Tú ya has cumplido. Lárgate.
Escenario: Minutos después. La Mensajera sale al exterior. Está excitado.
LA MENSAJERA: (Al público) Ya está. Se lo he dado al camarero. El que pasaba por allí con las cajas debe ser el jefe de la trama, y el que me ha cogido la bolsa su contable. Lo he visto con mis propios ojos: el Bar Juanito es una oficina de blanqueo. ¡Y la bolsa era transparente! El taxista ha debido flipar.
OSCURO … LUCES
Escenario: Despacho de Víctor. El Empleado entra y deja la bolsa de dinero sobre la mesa).
EMPLEADO: Misión cumplida, jefe. La Mensajera se ha tragado el anzuelo hasta el fondo. Se ha ido convencido de que ha sobornado a toda la plantilla.
VÍCTOR: (Abriendo la bolsa y acariciando los fajos) Excelente. Ahora llamamos a nuestro contacto en la prensa o en el juzgado. Diremos que tenemos un testigo arrepentido que llevó dinero a Bernardo para un negocio de catering ilegal. La Mensajera jurará que entregó la bolsa en el bar. El taxista jurará que vio la bolsa y la vió entrar en el Bar Juanito. Y Bernardo… el pobre Bernardo no podrá demostrar que la caja de cervezas que llevaba no era en realidad este dinero.
EMPLEADO: Es patético, jefe.
VÍCTOR: Es arte, hijo. Es el arte de que el dinero vuelva a ti mientras otro paga la cuenta.
Se oye el sonido de un martillo de juez golpeando la mesa, mientras la silueta de Bernardo, cargando sus botellas, se desvanece en la oscuridad.
OSCURO… OTRO DÍA… LUCES
Escenario: Instructor del Tribunal Supremo.
MAGISTRADO: (Mirando a Bernardo) El testigo afirma haber entregado la bolsa en el Bar Juanito. El taxista confirma que el dinero salió del coche. Y usted, Bernardo, reconoce que estaba en el Bar en ese preciso momento, ¿no es así?
BERNARDO: Sí, Señoría… llevaba una caja de botellas vacías.
MAGISTRADO: (Irónico) Botellas vacías… o una bolsa transparente. En la penumbra de un bar, la forma de la ambición es muy subjetiva. Queda usted procesado por cohecho en negocios de catering.
Bernardo baja la cabeza. En la última fila de la sala, Víctor ajusta su corbata, le guiña un ojo a su Empleado de confianza y salen juntos a tomarse un café. Un café que, por supuesto, no será en el Bar Juanito.
VÍCTOR: (Susurrando al salir) ¿Ves? La justicia es como el catering: cuestión de quién sirve el plato y quién se traga el sapo.
TELÓN

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