Bueno, me parece que ya va siendo hora de divagar. Escribir un poco al tuntún.
Y lo primero que se me ocurre es recomendaros que, cuando os levantéis de la cama, os quedéis un rato sentaditos hasta que vuestro cuerpo sepa que ya no estáis tumbados, sobre todo si ya tenéis una edad. Lo digo porque esta mañana no he cumplido con este precepto sagrado y me he precipitado hacia mi espalda, cayendo mondo y lirondo hacia el colchón de nuevo, excepto mi cabeza, que ha chocado con la pared. Un golpe sin herida ni consecuencias, pero un aviso de que me tengo que tomar cierto tiempo antes de ejecutar cualquier movimiento recién levantado: la línea entre el sueño y la vigilia se ha ensanchado.
Ayer escuché en la radio que un padre cuyo primer apellido era “Tumor”, decidió llamar a su hijo “Benigno”, para suavizar un poco el asunto. Y me vino el recuerdo de un profesor del colegio que se llamaba Hipólito Cayón y le cantábamos una canción para armar un poco de alboroto: “Don Hipólito Cayón la arena, en la arena cayó…”, como en la que cantaba Peret, que decía “una lágrima cayó en la arena, ay en la arena cayó tu lagrima”. ¿La recordáis? Aquí la tenéis. Luego, buscando, he encontrado otras combinaciones: Lola Mento, Aitor Tilla, Aquiles Bailo, Armando Bronca Segura…
Respecto a la sopa de letras que he publicado, tengo que confesar, como ya os habréis imaginado, que las estoy haciendo con una IA. Resulta bastante divertido, aunque un poco lioso, la verdad, hasta dar con lo que uno quiere. De hecho, esta es la tercera versión desde que empecé a hacerlas. En este caso, estoy utilizando ChatGPT. He de confesar que esta IA no es santo de mi devoción (o santa, si preferís, tengo cierta confusión con lo del género). El caso es que Movistar me ha regalado seis meses gratis de una suscripción a una versión superior y quiero aprovecharla. Me está sirviendo para familiarizarme con el código que está detrás de todo este sistema de artilugios digitales. En su momento (hacia el año 2005) ya hice la página web de Psicomed (el centro de psicología a la que he dedicado unos cuantos años de mi vida) pero sin ayuda de la IA. Eso sí, utilicé un programa muy bueno y gratuito de desarrollo de páginas con código html. Comprendo la preocupación que sienten los programadores por el futuro de su trabajo, cuando la IA es capaz de desarrollar tus ideas sin saber nada de programación. Seguiré perfeccionando las sopas de letras, aunque se me ocurren otros muchos proyectos. Ya veremos. Lo que sí creo es que todo esto tiene un punto adictivo.
Hoy no entraré en otros aspectos del uso de la IA, de la cual se pueden decir muchas cosas, algunas buenas y otras malas. Pero os contaré lo que me ocurrió con ChatGpt mientras desarrollaba las sopas de letras. Ya he comentado que resulta un poco lioso. En un momento determinado, comprobando que no era capaz de plasmar mis ideas en el código que me estaba proponiendo, le dije que me rendía. Naturalmente, me respondió que no, que lo conseguiríamos, y me propuso: “Voy a darte un enlace ya listo con la sopa funcionando”, que era una dirección de internet. Lo intento abrir, y aparece el mensaje de que esa página no existe. Se lo digo y me responde, literal: “Tienes razón. Ese enlace no existía y no debí dártelo así”. Después me dice, de nuevo: “Tienes razón, y lo corrijo claramente: te di un enlace inventado. No debía haberlo hecho” (las negritas son suyas). Ay, ay, ay…

Deja una respuesta