He empezado a leer la novela de José María Zavala. «El Profeta», en la que el protagonista es Jesús de Nazaret.
Y comienza con la escena de las tres Marías ante la piedra movida del Sepulcro, que habían dejado sellado.
Y no puedo por menos que preguntarme el porqué de la incoherencia del relato. ¿Qué necesidad había de mover la piedra si Jesús Resucitado no necesitaba moverla para salir de allí? Ya son ganas de poner en problemas a los soldados romanos que custodiaban el lugar, pues el castigo por dormirse en una guardia era la muerte. ¡Ya son ganas! Los pobres hombres, sin comerlo ni beberlo,…
Con el trabajo que me cuesta a mí darle coherencia interna a mis intentos de dramaturgia, con qué libertades escribían otros y qué famosos se hicieron.
En fin… cosas mías…

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