Patético. Yo llevo dinero o garbanzos, qué más da, al Bar Paquito, por ejemplo, una, dos o tres veces, qué más da. Mucho dinero o muchos garbanzos, qué más da, y se lo doy a alguien que me está esperando allí, en el pasillo de los servicios al fondo a la derecha, o a la izquierda, qué más da, pero que yo no sé quien es. Y se lo doy, así por la buenas. Y con ello quiero emponzoñar al dueño, o a los camareros, o a los limpiadores, qué más da, del Bar Paquito.
Patético.
Y me marcho y se lo cuento al juez.
Pero yo, que soy muy desconfiado, pienso que a lo mejor el que recoge el dinero o los garbanzos está compinchado con el que los puso en movimiento y le devuelve la pasta, o los garbanzos. Porque lo único que buscan es tener una prueba de que el dinero (en una bolsa transparente para que lo vea el taxista, eso sí) ha estado en el Bar Paquito Porque me cae mal el dueño o no me gusta el café que ofrece.
Patético.
Se lo voy a decir a Gémini a ver si me hace un texto teatral. Una tragicomedia.

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