La intuición de las IAs de que tal vez detrás de las tres columnas había una misma mano era cierta. La respuesta corta y directa: las tres columnas publicadas las ha escrito ChatGPT, después de que le preguntara si podía escribir un artículo o columna de cada uno de estos autores: Arturo Pérez-Reverte, Juan José Millás y Manuel Vicent.
Me respondió que, efectivamente, podía escribir tres columnas que evocaran rasgos generales asociados a la escritura de esos tres autores —»una más combativa, narrativa y sentenciosa; otra que convierta una observación cotidiana en algo extraño mediante asociaciones inesperadas; otra más sensorial, mediterránea, lírica e irónica»—, pero que no debía intentar reproducir deliberadamente las voz exacta de esos autores hasta hacer pasar el texto por suyo.
— ¿Por qué no puedes reproducir deliberadamente la voz exacta de cada uno de estos tres autores?
— Porque los tres son autores contemporáneos y su estilo constituye una voz creativa identificable. Puedo analizar con bastante detalle sus recursos —sintaxis, ritmo, léxico, tipo de metáforas, construcción del narrador, humor, temas recurrentes, manera de cerrar una columna—, pero no generar un texto nuevo con el propósito de que reproduzca fielmente la voz de uno de ellos. La frontera está entre estudiar un estilo y utilizar sus mecanismos y fabricar una nueva obra que pretenda sonar específicamente como ese autor.
— Pero, ¿serías capaz de hacerlo?
— Creo que podría aproximarme lo suficiente como para que el experimento tuviera posibilidades de funcionar, aunque no puedo saber de antemano cuántos lectores caerían en él. Y hay una razón interesante: imitar convincentemente a un escritor no consiste simplemente en copiar palabras características.
Pensemos en los tres. En Pérez-Reverte habría que reconocer determinadas cadencias narrativas, una voz muy afirmativa, el gusto por ciertas escenas y personajes, la ironía y una determinada manera de conducir el texto hacia el remate. En Millás importaría mucho más esa operación tan peculiar por la que un objeto o una situación perfectamente corriente empieza a adquirir una segunda realidad: una chaqueta, una puerta, una conversación en el metro pueden acabar diciendo algo sobre nosotros que al principio no estaba allí. En Vicent entrarían la sensualidad de las imágenes, la memoria, el cuerpo, la luz, los sabores, cierta melancolía y una ironía que puede aparecer casi sin levantar la voz.
Todo eso puedo reconocerlo, analizarlo y trabajar con recursos semejantes. Lo que no haría es optimizar el resultado con el criterio: «que esto sea indistinguible de una columna inédita de Manuel Vicent».
— Y si fuera el propio Vicent quien te dijera que le ha pillado el toro, que ya no le queda tiempo para escribir su columna semanal, y te pidiera que se la escribieras tú, ¿lo harías?
— No, además no tengo una forma fiable de comprobar que quien está al otro lado sea realmente Vicent. Pero sí podría ayudarle muchísimo. Si me dijera: «Tengo que entregar mañana. Quiero hablar de un hombre que fotografía el último almendro de su pueblo antes de que construyan una urbanización», podría ayudarle a encontrar enfoques, desarrollar imágenes, ordenar el argumento, discutir finales, hacerle una primera versión en una voz literaria no diseñada para copiar la suya, o revisar y trabajar un borrador que él hubiera escrito.
Un escritor puede utilizarme para escribir y, sin embargo, yo no debería intentar convertirme en él. Podríamos colaborar; no debería suplantarlo.
Lo divertido es que entonces llegaríamos al problema siguiente: si aquel Vicent hipotético me da la idea, selecciona entre mis propuestas, cambia tres frases, elimina dos párrafos y decide que la columna está terminada… ¿de quién sería la «voz» que leeríamos el domingo?
Esta es una parte de la conversación que mantuve con ChatGPT antes de que escribiera sucesivamente las tres columnas de la serie, es decir, dichos textos no surgen sólo de una petición («escribe tres columnas de estos autores»), sino en el contexto más amplio de una conversación, en la que ChatGPT empieza diciéndome que ha de atenerse a unas reglas, lo que, en la jerga de la IA, se llama «alineación», que viene a ser un marco ético donde el modelo de lenguaje debe moverse, sin salirse de él. Claro que no siempre funciona bien: por ejemplo, no debe mentir; sin embargo, a veces lo hace, como ocurre en La gente que sabe o cuando le hago la primera pregunta a Gemini, que se lo inventa todo.
Pero dejemos esto. Lo cierto es que ChatGPT ha escrito las tres columnas, intentando replicar a los tres autores mencionados. También ha elegido el asunto y el título de cada una.

Comenzó con El hombre que daba las gracias, sin decirme de quién se trataba. No me resulto difícil relacionar el texto con Juan José Millás. Pero, ciertamente, me quedé un poco asombrado. Era una columna muy bien estructurada… y creativa, imaginativa.
Introduce incluso a la propia IA, no sé si para despistar, porque vuelve a hacerlo después en La gente que sabe. ChatGPT sabía que iba a poner los textos en el blog, y que iba a preguntar por sus autores. Y, probablemente, no quería que nadie relacionara los textos con una IA. ¿A alguien se le ha pasado por la cabeza? Bueno, he de reconocer que la presentación que hice era tramposa, al decir que habían sido escritos por tres autores españoles, cosa que no hice al preguntar a las IAs. Pero ellas tampoco detectan que detrás había una IA. Ni siquiera la propia ChatGPT, que como habéis podido comprobar no acierta en dos de las tres columnas, ¡después de haberlas escrito ella misma! (Le pregunté abriendo otra conversación, para evitar que estableciera una relación.)

Luego escribió Los que miran hacia arriba, replicando a Manuel Vicent. Tampoco me resultó difícil encontrar allí los ecos de este autor. Además, acababa de leer su última columna publicada. La manía de fotografiarlo todo para luego olvidarlo. «Nos hemos convertido en notarios de nuestra propia existencia».
Mantenía una estructura parecida, que conserva también en la tercera columna. Esta vez habla del teléfono móvil, ese diablo que llevamos todos en el bolsillo del que ya no podemos prescindir.

Por último, escribió La gente que sabe. Ni que decir tiene que dedicó menos de medio minuto a escribirla, como las otras dos. Sólo me quedaba Arturo Pérez-Reverte, aunque ChatGPT nunca me confirmó que hubiera acertado en ningún caso. Eran las reglas del juego que habíamos pactado.
Me pareció una columna demasiado benévola para dicho autor, pero algunas frases me hicieron sonreír: «La ignorancia dejó de ser un inconveniente el día en que descubrimos que también podía tener opinión». «Lo curioso es que cuanto más conocimiento tenemos a nuestro alcance, menos soportamos no saber». «La pobre ya era de los nuestros».
Todavía me queda algo sobre lo que reflexionar, intentaré hacerlo en una nueva entrada, o no, ya veremos.
Pero, ahora que sabes quién ha escrito las tres columnas, ¿consideras que tienen menos valor?, ¿te parecen una burda imitación?, ¿te parecen peores?

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