El mundo en que vivimos
FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA Y ANTIFEMINISMO
Dos mil millones de mujeres y niñas en todo el mundo carecen de acceso a
protección social, y el 26,1% tienen probabilidad de pasar hambre, frente al
14,2% de los hombres, según la ONU.
El riesgo de pobreza y exclusión social afecta al 26,8% de las mujeres y al
24,8% de los hombres. La tasa alcanza el 52% en las mujeres de hogares
monomarentales.
Las mujeres perciben solo el 28% del ingreso laboral global; trabajan en
promedio 53 horas semanales, frente a 43 de los hombres.
En los países de la Unión Europea, el 30% de las mujeres ha vivido situaciones
de violencia física, amenazas y/o violencia sexual a lo largo de su vida.
En España, tres de cada cuatro personas con jornada parcial son mujeres y el
16,6% de ellas declara cuidar a menores o dependientes como motivo principal,
frente al 4,3% de los hombres.
En 2024, la pensión media de los hombres fue de 1.510 euros, y la de las
mujeres de 1.026 euros (un 32 % inferior).
La dedicación a trabajos de cuidados no remunerados, la parcialidad o la
precarización en sectores laborales feminizados son algunos elementos que
explican estas cifras, que confirman que la feminización de la pobreza es un
fenómeno estructural, persistente y multidimensional.
La desigualdad que enfrentan las mujeres solo puede comprenderse bajo las
lógicas de un sistema económico y social que crea, reproduce y profundiza las
brechas de género. Para mitigarlas, los expertos recomiendan construir un
sistema público de cuidados de carácter universal; dignificar el empleo en los
sectores feminizados y garantizar trabajo decente (cuidados, limpieza,
comercio, hostelería, trabajo doméstico…); reforzar la estabilidad laboral, limitar
la parcialidad involuntaria y elevar estándares salariales; establecer una renta
universal para niñas, niños y adolescentes; garantizar el acceso a la vivienda
social de titularidad pública a familias en situación vulnerabilidad; mejorar el
ingreso mínimo vital; y proteger los derechos de las mujeres migrantes.
El movimiento feminista por la igualdad ha conseguido importantes logros en
los últimos años. Pero esos logros están amenazados. Asistimos, a nivel global,
a una ofensiva antifeminista que busca revertirlos. Hay sectores machistas que
se resisten a perder el tradicional poder masculino. Muchos varones creen que
los avances en igualdad de género los dejan marginados y atacan sus
derechos.
En la mayoría de los países, los movimientos ultraderechistas abogan por
modelos de familia que no tienen nada que ver con las familias diversas e
igualitarias. El antifeminismo se va convirtiendo en un contramovimiento social,
que busca preservar el poder del grupo social masculino sobre el femenino y
pretende retornar a los antiguos roles para cortar el acceso de la mujer al
mercado laboral, negarle sus derechos sexuales reproductivos y relegarla a la
casa con los hijos.
Son las posiciones que defienden los regímenes más conservadores del
mundo, muy próximos al fascismo: Estados Unidos, Argentina, la India, Italia,
Hungría, Polonia… Una de las primeras decisiones de Donald Trump,
presidente de Estados Unidos, fue firmar un decreto para retirar de los
organismos del gobierno de Estados Unidos cualquier declaración, regulación o
mensaje que “promueva o inculque la ideología de género”.
Autor: Waldo.

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