La semana pasada, el domingo por la mañana me topé en radio y prensa con el ataque de Israel y EEUU a Irán. Lo esperaba. Ya le había comentado a mi hijo que estaba seguro de que esto ocurriría. Estaban desplegando en el mediterráneo todo el arsenal ofensivo para hacerlo, y era obvio que no era para defenderse. Además, el Ministerio de Defensa de EEUU ahora se llama Ministerio de la Guerra, así que me temo que eso es lo que piensan hacer, la guerra.
A mí, estas cosas me impresionan mucho. No sé si sería mejor dejar de estar al tanto de las noticias, hay gente que lo hace y le va bien.
Sin embargo, yo estoy acostumbrado desde niño a leer el periódico, tal vez porque mi padre llevaba a casa todos los días el ABC, al que hoy en día estoy también suscrito. Enseguida, yo empecé a comprar el Informaciones, que salía por las tardes. Y luego, ya en 1976, El País. Desde entonces, prácticamente lo he comprado todos los días, hasta hace tres o cuatro años, que he empezado a leerlo en internet, excepto los domingos, que me lo dan en papel junto a la revista por mi suscripción.
¿Será esto el principio de la III Guerra Mundial? Recordemos que la II Guerra Mundial empezó cuando Hitler invadió Polonia en 1939, provocando la declaración de guerra de Francia y Gran Bretaña a Alemania. Pero entonces no se sabía (o no se era consciente) que ese precisamente fue el momento inicial de una guerra que se extendería y arrastraría, de una manera o de otra, a la mayoría de los países del mundo. Es arriesgado establecer paralelismos entre aquel y este momento, desde luego, aunque hay uno que resulta inevitable, el de los dos dirigentes de los países que las provocan, tipos erráticos y acomplejados que tienen en sus manos el poder y la fuerza bruta (me ahorraré los demás adjetivos).
Este fin de semana, la Casa Blanca publicó un vídeo en Instagram titulado “Justicia al estilo estadounidense” (que podéis encontrar aquí). Blase J. Cupich, cardenal de Chicago, amigo del Papa, ha dicho sobre él: “Una guerra real con muerte real y sufrimiento real, siendo tratada como si fuera un videojuego, es repugnante. Cientos de personas han muerto, madres y padres, hijas e hijos, incluyendo decenas de niños que cometieron el fatal error de ir a la escuela ese día”. Y continúa: “Al final, perdemos nuestra humanidad cuando nos emocionamos con el poder destructivo de nuestras fuerzas armadas. Nos volvemos adictos al espectáculo de las explosiones. Y el precio de este hábito es casi imperceptible, a medida que nos volvemos insensibles a los verdaderos costos de la guerra. Pero cuanto más tiempo permanezcamos ciegos ante las terribles consecuencias de la guerra, más arriesgaremos el don más preciado que Dios nos dio: nuestra humanidad. Yo sé que el pueblo estadounidense es mejor que esto”.
Continuará…

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