Esta tercera guerra mundial es una guerra ideológica, y de religión, tal vez también étnica y, por supuesto, económica (gas, petróleo, tierras raras). Por otro lado, nunca hemos tenido los medios de interacción (comunicación) con los que contamos ahora: esta sí que es una guerra mundial, que se libra también en los medios tradicionales (prensa, radio y televisión), pero sobre todo en internet, en las redes sociales. Nosotros estamos en la retaguardia, intentando preservar nuestro estado de bienestar, pero participamos con nuestros likes, nuestros comentarios, reenviando por doquier lo que sabemos que está sesgado.
Yo intento no caer en la trampa, y creo que lo consigo, pero resulta inevitable encontrárselo. El algoritmo que me ha tocado lo hace así: me dice lo que no quiero oír y me enseña lo que no quiero ver. Lo hace de vez en cuando, no siempre, no vaya a cansarme y termine por no abrir nunca más youtube, por ejemplo. Y lo hace bien, me conoce, o más bien conoce lo que le interesa de mí, recopilando infinitos datos de cosas que ni siquiera yo sospecho, desde cuánto tiempo visualizo un anuncio hasta cuál es el color preferido de mis calzoncillos. En la universidad, no me acuerdo por qué, unas alumnas me hicieron un trabajo en el que demostraron que mientras el móvil las escuchaba, el algoritmo les iba proponiendo comercios muy próximos donde podrían satisfacer sus gustos y deseos, aquellos que habían expresado en su conversación. Todo en tiempo real, muy dinámico, demasiado ágil.
A veces pienso que soy un paranoico. ¿Dónde está el límite en el que lo que uno siente deja de ser real? Esto podría dar para una larga disertación. Límite, sentir, realidad. Seguro que, si le doy estas tres palabras a una IA, me monta una película de terror, y luego me envía al especialista.
Mostrar la guerra real como un videojuego es ofrecer un producto atractivo a la gente para que lo compre. Muchas personas (niños, jóvenes y no tan jóvenes) están acostumbradas a “entretenerse” con juegos de guerra, ya sea en el móvil o en una consola. En la retaguardia se puede mostrar la guerra así, como una batalla donde vamos ganando y, además, somos los buenos, los más poderosos, los que tenemos la razón porque luchamos por nuestros ideales: make america great again. La guerra también se libra en internet. El régimen iraní lo sabe muy bien y desde el primer día de los bombardeos que está sufriendo lo ha desconectado, la gente lleva allí diez días sin internet. ¿Os imagináis aquí diez días sin internet?

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