Una historia japonesa
Disfruto mucho con la literatura japonesa. Y tampoco es que haya leído muchos libros de autores japoneses.
De Haruki Murakami sí que me he leído unos cuantos. Sus novelas me atrapan, y cuando las empiezo a leer, ya no puedo dejarlas por mucho tiempo, tal vez sea por su estilo introspectivo y surrealista que tanto me atrae.
Pero, más allá de Murakami, y tal vez por haberlo leído, cuando entro en una librería suelo buscar autores japoneses. En las últimas semanas, me he leído El correo del crepúsculo, de Hiyoko Kurisu, Desperdigados por el mundo, de Yoko Tawada, que terminé ayer mismo, y Punto cero, de Seicho Matsumoto.

El primero es una edición muy cuidada y bonita de Neko Books, un sello de la editorial Planeta.
Yo prefiero leer narrativa o ensayo en papel; para mí, forma parte del placer de la lectura.
El correo del crepúsculo, que es la secuela de La tienda de los deseos, escrito por la misma autora, comienza con el «Manual de Uso de Correos Tasogare»:
«A los fantasmas, espíritus malignos y personas atenazadas por las preocupaciones:
- Correos Tasogare sólo abre al crepúsculo.
- Escriban sus cartas dentro de la oficina y entréguennoslas.
- Nos comprometemos a hacerlas llegar a cualquier persona y en cualquier lugar, pasado, presente y futuro.
- Sin embargo, tengan presente que no es posible mandar cartas a los difuntos.
- Aunque podemos enviar cartas al pasado, los hechos ya ocurridos no se alterarán.
- Cuando escriban sus cartas, tengan presente que:
- Hay que utilizar la escritura en espejo.
- Hay que respetar el número de caracteres.
- Por favor, consulten con el personal de la oficina acerca de las sanciones por no respetar las normas.»
En esta oficina de correos, situada en una calle a la que se accede a través de un santuario abandonado que uno sólo encuentra en sus horas más bajas mientras vaga sin rumbo por cualquier lugar de la ciudad, puedes enviar una carta a una persona que conocerás en el futuro, a la esposa con la que tantos años has compartido, a un amigo de la infancia que se mudó y perdiste de vista, a tu única amiga, a ti cuando ya no esté…
En la oficina te recibirá Suigetsu, su único empleado, un espíritu misterioso con forma humana, a quien le entregarás tu carta recién escrita allí mismo (al revés, con la ayuda de un espejo), y confiar en que se la hará llegar a la persona anhelada. Parece que siempre lo consigue, aunque uno nunca puede estar seguro. Como dice en la contraportada del libro, la autora «nos desvela los pequeños milagros que ocurren cuando las palabras encuentran su verdadero destino».
続く / つづく (Continuará…)

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