«¿Quién hay entre los hombres que en tales momentos no componga poesía?»

“En el año 905, dos años después de la muerte de Sugawara no Michizane, el Emperador Daigo (r. 897-930) dio la orden de llevar a cabo la primera compilación poética imperial, conocida como Kokinshū (Kokinwakashū).
Esta colección de poemas, a diferencia del Manyoshü, consta de dos prefacios: el primero, en kana, y el segundo, en mana o escritura china. Desde las primeras líneas del prefacio en kana, escrito por Ki no Tsurayuki, se ve claramente el espíritu dominante de la obra:
«La poesía de Yamato tiene por semilla el corazón humano que germina en abundantes hojas de palabras. En esta vida muchas cosas impresionan a los hombres. Estos buscan expresar sus sentimientos por medio de imágenes sacadas de lo que ven y oyen. Al ver las flores caídas en una mañana de primavera, al escuchar el susurro de la caída de las hojas en una tarde de otoño, al suspirar cuando se ven las ventiscas de nieve y el aumento de las arrugas en la cara, reflejadas en un espejo con el paso de los años, y cuando nos sorprende darnos cuenta de la brevedad de la vida al contemplar el rocío en la hierba y la espuma en las olas del mar; cuando vemos a los que ayer fueron orgullosos y poderosos y hoy han caído de la fortuna a la soledad; y cuando son olvidados por los que un día amaron apasionadamente… ¿quién hay entre los hombres que en tales momentos no componga poesía?«
Motoori Norinaga, gran seguidor de las teorías literarias de Ki no Tsurayuki, coincide al señalar que el principal objetivo de toda poesía es presentar la verdadera naturaleza del corazón humano: «La poesía o la prosa no concierne en sí misma con lo bueno y lo malo, con la sabiduria o con la estupidez. Tan sólo describe en detalle lo que siente el hombre naturalmente por sí mismo, de lo cual nosotros aprendemos qué es lo más profundo del corazón humano. Es a través de la literatura donde nosotros aprendemos cuáles son los verdaderos sentimientos humanos, donde aprendemos el mono no aware.»
Teresa Herrero, De la flor del ciruelo a la flor del cerezo, Ed. Hiperión, Madrid, 2004, pp. 42-43


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