Una historia japonesa (cont.)

La novela comienza cuando Teiko Itane decide finalmente casarse con Kenichi Uhara, que desaparece misteriosamente después de una breve luna de miel. En su busca, Teiko viaja a la última ciudad donde fue visto e inicia una investigación hasta llegar al «punto cero».
Es el tercer libro que cité en la primera entrada de esta serie. En esta página de la editorial Libros del Asteroide, podéis encontrar información (reseña y críticas) sobre esta novela negra del autor japonés, e incluso leer sus primeras páginas.
En la novela, publicada en 1959, resuenan los ecos del final de la II Guerra Mundial en un Japón devastado. Y, entre esos ecos, destaca la posterior ocupación del país por las fuerzas aliadas, especialmente las estadounidenses. Qué raro, ¿no?
—— Silencio ——
Al finalizar la guerra, apenas unos días después de la rendición, el gobierno de Japón crea la Asociación de Recreación y Esparcimiento (RAA, por sus siglas en inglés: Recreation and Amusement Association), justificándola a posteriori por el temor a que las tropas extranjeras cometieran violaciones masivas contra las mujeres japonesas. Muchas de ellas, incluso las que hasta entonces gozaban de una vida desahogada, habían quedado prácticamente en la calle, sin sustento, en un país destruido por los bombardeos, con muchos de sus maridos, padres o hermanos muertos en la contienda. Miles de mujeres jóvenes (se calcula que unas 70.000) se inscribieron en la RAA por la publicidad engañosa que aseguraba un trabajo de oficina, comida, alojamiento y ropa. La realidad era muy diferente: las recluyeron en burdeles y «centros de entretenimiento» destinados a los soldados de las fuerzas de ocupación.
La RAA duró poco, del 28 de agosto de 1945 hasta los primeros meses de 1946, año en que fue clausurada, por dos razones: por una parte, el incremento descontrolado de las enfermedades venéreas entre la tropa estadounidense y, por otra, la presión social ejercida, también por figuras relevantes como Eleanor Roosevelt, que ponían en duda la moralidad de esa práctica que institucionalizaba la prostitución bajo el mando aliado.
En realidad, Japón ya tenía una larga experiencia, pero casi peor, con las llamadas «mujeres de consuelo» (ianfu) en los años de expansión de su Imperio anteriores a la guerra mundial. Niñas y jóvenes eran igualmente engañadas, o directamente raptadas, en los territorios conquistados con el mismo fin, pero esta vez para la satisfacción sexual de los soldados nipones. Hay dos libros, que yo sepa, basados en sendas historias reales, narradas en primera persona, de estas atrocidades: uno es Hierba, una estupenda novela gráfica de la escritora coreana Keum Suk Gendry-Kim; el otro es Las orquídeas rojas de Shanghai, de Juliette Morillot, que comencé a leer hace tiempo y he de confesar que lo dejé a medias, aunque lo he vuelto a hojear estos días. Son dos testimonios estremecedores de las consecuencias devastadoras de la guerra, especialmente para las mujeres. (No puedo dejar de pensar que hoy, en la actualidad, sigue ocurriendo lo mismo en Sudán, de forma dramática, en una guerra terrible que dura ya más de tres años.)
—— Silencio ——
Kenichi Uhara, el marido desaparecido de Teiko, había trabajado en la división de Orden y Moral Pública de la comisaría de Tachikawa, una ciudad situada muy cerca de una base militar estadounidense, antes de convertirse en un brillante ejecutivo de una agencia de publicidad. En una conversación con un compañero suyo de entonces (habían transcurrido apenas diez o doce años), en el curso de su investigación, este le dice a Teiko:
-Kenichi estuvo destinado aquí durante la ocupación -empezó Hayama -. Actualmente la base aérea sigue controlada por los estadounidenses, pero debe tener en cuenta que entonces esta pequeña ciudad estaba infestada de soldados americanos que llegaron incluso a doblar la población local. Y luego estaban las panpan, que no sabíamos muy bien si contarlas entre las japonesas o las americanas, pero eran tan numerosas como los soldados. En la actualidad, el ejército estadounidense ha reducido notablemente su presencia en la zona y las chicas también han desaparecido como una llama que se extingue, pero en aquella época eran un verdadero problema.
«Teiko recordaba haberlo leído en los periódicos: las panpan eran jóvenes japonesas que, durante la ocupación estadounidense, se vestían y maquillaban al estilo occidental y ofrecían compañía y servicios sexuales a los soldados extranjeros, sobre todo en localidades cercanas a bases militares como Tachikawa.»
En la intriga de Punto cero, la figura de las panpan adquiere un papel relevante. Por eso lo traigo aquí. Muchas de ellas provenían de la RAA, pues, cuando clausuraron esta perversa asociación, echaron a todas las mujeres a la calle sin ninguna indemnización, es decir, sin oficio ni beneficio. Otras eran mujeres que habían perdido a sus familias o medios de subsistencia durante la guerra. No estaban bien miradas por la sociedad que, en general, las rechazaba. Por eso, con el paso del tiempo, al rehacer su vida, ocultaban su pasado…
Vídeo: La historia de Yokohama Mary, una de las últimas panpan [está en inglés, pero podéis poner los subtítulos en español: ajustes-subtítulos-traducir automáticamente-español]



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